La sensación que provoca la lectura de ambos términos me predispone a no guardar ningún recato, a no preguntarme cada minuto dónde iremos a parar con este curso. Me propongo formar parte de una idea, de una actitud sobre la acción de aprender y enseñar que incorpore sorpresas y decisiones. No deja de avasallarme la ocurrencia de que cuando termine el curso, invitaré a los alumnos a que participemos en las clases como si fuéramos una creativa banda de músicos de jazz.
Nos expandiremos como una caravana multiplicándose en el desierto.